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viernes, 18 de mayo de 2012

PRISA

13:58h. ¡Ring!!!.. Perdonarme un segundo. La oficina echa humo.
¿Sí? Lo sé, te dije que esta tarde. Sabes que no lo olvido, ya te lo dije el lunes. Que sí, sin falta.

14:02h. ¿Seguimos? Caras largas. Me da igual cómo, el sábado os quiero aquí.

14:03h. ¡Ring!!!.. Un minuto. Dile que no estoy, que te deje recado. Resoplo.

14:07h. Señores finalizamos la reunión. Lo acabamos por mail. Recordar lo del sábado. Miro el reloj...¡deprisa!

14:09h. Voy al baño. Me pongo las mallas bajo el pantalón. Vuelvo a la oficina.

14:11h. Señores, vámonos que he quedado. ¿Cierras tú? ¡Gracias!

14:15h. Carrera hasta el parking. ¡Hasta la tarde!

14:21h. Abro el coche, bocata en el salpicadero, manzana en el asiento. Tengo 129 minutos.

14:55h. Dos rotondas, un stop, tres pueblos, caravana de vacas y rastros de tomate en el volante. Abro la puerta. Ya estoy aqui.

14.57h. Nivel alto, canoso pero pescable. ¿Se ven cebadas? Me quedan 83 minutos.

14:58h. Escarpín en una mano, segundo tramo de la caña en la otra. Mordisco a la manzana. ¿Se ven cebadas?

15:06h. Chaleco, gafas, sacadera... ¡Qué difícil es beber caminando! Me quedan 74 minutos. ¡Deprisa!

15:08h. Ojos bien abiertos. Cruzando la rasera un pie se me enfría... ¡me dejé el calcetín en el capó!.... ¿cerré el coche?... ya da igual. Me quedan 74 minutos ¡Deprisa!

15:13h. Mis ojos me detienen: pardón en ascenso rumbo a la luna. Mis dedos aprietan el corcho, ya están aquí.

15:18h. ¿A qué huele? La tierra empapada llena de olores el aire. El pasto está a punto y me recibe con su verde nuevo salpicado de botones amarillos.


La hierba suena en el vadeador como un cepillo nuevo. Las escobas se engalanan. En la ladera aparece el bosque a medio vestir con los fresnos brotados, las salgueras emplumadas y algunos cerezos todavía en flor, sólo los robles dormitan.





Entro despacio. Como Narciso, las paleras se miran en el agua y el rio se vuelve verde. Apenas nueve grados, caudal hasta la bandera y pardones girando en los remolinos con las patitas inquietas.


La linea sale por la puntera, grasa en los dedos y los gestos cotidianos me aceleran el pulso. Por encima de las gafas mi vista barre el río. Una cebada, sólo necesito una cebada...
Un catorce tendrá que valer, no habrá tiempo para cambios. Esa  emergente rabona me gusta, las otras han quedado escasas. Una, dos y tres vueltas, hacer el nudo parece un ejercicio eterno.
Miro el bucle en el aire, su tic-tac sigue el ritmo de mi respiración. Sobre él unos brotes tiernos de fresno se desperezan agitados por el viento. El verde de mi mosca se esconde entre el verde del río, el verde de las hojas y esas coquetas paleras.


¡Allí! Ceba sobre subimago de rhodani. Giro el cuerpo como una torreta rígida y armada, fijo objetivo y lanzo. La primera posada draga sin remedio. Tirando de freno de mano, la tercera cae con serpentina y al fin baja libre.
¡Ahora! Clavo pero ya no está, ni me he dado cuenta. Miro distraido y revivo el lance una y otra vez, demasiada línea en el agua, no volverá a subir.

Otra cebada me regala una segunda opotunidad. Pienso el lance y poso girando elástico como el cuerpo de un bailarín. ¡Ahora sí!, Clavo. ¡Recoge, recoge!... se soltó!
Bajando los brazos respiro y miro el reloj. Se acabó el tiempo. Camino hacia el coche con andar lento y paso largo, mientras una sonrisa bobalicona me sube a la cara.
Con las ventanillas bajadas, de vuelta al trabajo, canturreo en el coche con el sol sobre los hombros.

16:58h. Tienes dos esperando en la puerta de la oficina. Mecánicamente asiento con la cabeza.

17:00h. Hola, buenas tardes, le llamamos por la mañana y como ya le dije tenemos mucha prisa...

Con parsimonia les invito a pasar. No recuerdo por qué era todo tan urgente.
El ruido llena las horas con teléfonos, niños, voces y preguntas que no paran de sonar. Pero en mi cabeza sólo escucho la risa del agua, saltando una y otra vez sobre mi sonrisa bobalicona.

¿Prisa? ¿Qué es prisa?



"Algunos hombres van a pescar toda su vida,
sin saber que no son peces lo que han ido a buscar"

HENRY D.THOUREAU (1817-1862)

miércoles, 25 de abril de 2012

ESA ACTITUD

El cartel de entrada al pueblo, uno alto pagado por el Fondo Social Europeo, lo avisa en letras bien grandes "Municipio Minero de Alta Montaña".
Revisando caudales y  geografía me empeñé en escoger este río por ser de los "adelantados" en calendario. Pero cuando bajamos a la orilla encontramos un rio alto y oscuro de deshielo de los que espantan la mosca. Aun le falta un mes y hemos olvidado que el verano es pródigo en este río, porque hay un invierno minero y una primavera de montaña como prólogo.

Media mañana y con el mapa en la mano buscando alternativas. Descartados todos los principales de la zona, el horizonte de volver a casa sin mojar las botas no se contempla. Sigue lloviendo y repaso de nuevo el mapa buscando tributarios.
Son rios pequeñitos, pero algunos tan oligotróficos que no se barran ni bajo diluvio. El día abre y nos quedamos con uno etiquetado en el mapa como arroyo. Si no queda más remedio será segundo plato bajo esta sombra de bolo.


Es un cauce discreto castigado por la sequía, donde el bucle de mi caña de nueve pies parece un doble spey. Es necesario rebajar la escala. Pocos pies de caña, número bajo de linea, mano rápida y cuerpo a tierra. Reptando como un pulpo que desliza su cabeza  sobre un racimo de patas.

Están ahi, estoy seguro, aunque en cuatro dedos de agua no vea más que cantos. Lanzando de rodillas y con un poco de suerte, conseguiremos clavar la trucha más pequeña de nuestra vida, saltando como cola de lagartija. El tamaño no importa, porque estas truchas tienen la actitud que busco. Esa voracidad y esa osadía que pierden cuando migran aguas abajo y se labran un futuro como burguesas truchas de tablón.


Delibes diría  que estas truchinas "aun están mamando" pero a mis ojos se han vuelto trofeos deseados. Golpean la mosca para ahogarla, antes de comerla. Un pardón recién caído es una presa enorme y saltan felinas sobre su yugular. ¡Esa es la actitud!.

Con los ojos a pocos centímetros del agua, el arroyo y la visión de las cosas cambia. Disfruto de los lances con la cara pegada al suelo. Soy Gulliver, el hombre montaña, varado sobre la playa de Liliput.



En el recodo difícil de una revuelta surge una boca descomunal. Un escalofrío me sube a la espalda cuando siento la tensión de la línea.

Me santiguo y miro al cielo... quizá supere los veinte centímetros.
Hemos encontrado el LEVIATÁN. ¿Quién será capaz de doblegarlo?

 


lunes, 12 de marzo de 2012

ESPANTANDO EL BOLO

El primer barbo de marzo marca el arranque de temporada.
Atar la seca hace oficial el final del invierno y nos saca del letargo con un nuevo horizonte de aguas y peces.


Buscando nuevos rincones para esta temporada hemos cambiado de playas explorando nuevas colas del embalse. El bajo nivel de agua ha dejado la orilla ancha y desnuda con grandes bolos de granito varados en la playa. Después de un invierno buscando peces en el dvd, cuesta enfocar con las polarizadas, además el viento nos ha azotado todo el día rizando el agua y transformando las sombras en peces.


Los barbos estaban poco activos y nos han obligado a buscarlos peregrinando en largas caminatas. De vez en cuando alguna playa de fondo limoso y agua en calma recibía barbos solitarios o en pareja que huían a la caida de la mosca. Pero no hemos dejado de buscar, caminando y mirando cada esquina y lanzando sobre cualquier piedra-barbo sospechosa.


Una subida a cámara lenta sobre la mosca y al fin hemos espantado el bolo. Con la temporada avanzada lo recordaremos como un aperitivo, pero hoy un solo barbo sabe a éxito.




Los tres hemos espantado el bolo invernal y felices por nuestras capturas nos retiramos a celebrar el triunfo. Ya estamos en temporada, volveremos a pisar los escenarios que soñamos durante el invierno, con la ilusión de presentar las nuevas moscas nacidas bajo el flexo.

jueves, 23 de febrero de 2012

MOSCA PITILLO

La mosca pitillo es un clásico. Pretende imitar un insecto del género Leuctra spp. (Fam. Leuctridae) que en realidad no es un tricóptero, sino un pequeño plecóptero de cuerpo oscuro y andares nerviosos.
Abunda en los principios de marzo y abril y sigue presente toda la temporada aunque reaparece con fuerza con el inicio del otoño. Los hemos visto mil veces aunque pocas hemos reparado en ellos. Únicamente cuando corretean por nuestra camisa o se nos suben al portacarretes con desparpajo.



Es frecuente en muchos ríos y sus eclosiones son poco predecibles, con ejemplares aislados a lo largo del día. Sus imitaciones son excelentes para pescar al agua o en los tiempos "muertos" entre eclosiones, por lo que no debe faltar en la caja toda la temporada.
Con el insecto en mano lo que más llama la atención son sus alas apretadas, enrolladas casi como un pitillo y luciendo un brillo plateado. Y es en el brillo donde volvemos a la pluma de León. El indio acerado y el indio plateado es la gama en la que escoger el tono. Personalmente me gusta un tono acerado oscuro para el tejadillo porque da un brillo metálico casi idéntico al natural del insecto.


Con el material dispuesto comenzamos el montaje, que cada maestrillo llevará por su propio camino. En mi caso doy prioridad a la sencillez y la seguridad en el atado, con un nudo de seguridad al final de cada paso, repitiendo el mismo patrón de montaje para todos los modelos de tricóptero de riñonada.



Vamos a utilizar los elementos del modelo "original" sobre el que se pueden hacer algunas variantes interesantes.
Con el anzuelo sobre el torno comenzamos por la parte final, lo que popularmente conocemos como la "hueva". Se monta buscando imitar los huevos que la hembra intenta poner sobre el agua momentos antes de que nuestra trucha se la coma. Supongo que es una buena excusa para añadir un punto de color amarillo (o verde en otros tricópteros) que haga más visible la mosca para el pez.
Avestruz amarillo servirá. Previamente montaremos una fina "cama" de hilo de montaje para evitar resbalones de los elementos posteriores.


Recortamos la parte superior de las fibras amarillas para que no estorbe al tejadillo y montamos el cuerpo. El desbarbado del quill de pavo real puede ser completo o no. El montaje original lo usa limpio y asi lo montamos en esta ocasión.
Con el cuerpo terminado, pasamos al paso clave: hacer y montar el tejadillo. El tejadillo se fabrica acopiando fibras de riñonada, pero han de ponerse las fibras justas, tomando como referencia el insecto real, que tiene alas estrechas y apretadas. Un exceso de fibras dará aspecto de "polilla" que no procede y un defecto comprometerá su flotabilidad. Si el mazo es bueno (plumas bien pobladas de fibras largas y rectas) con una única pluma será suficiente.




Alinear el tejadillo tiene tantos trucos como montadores. Volviendo a la sencillez, abandoné hace mucho la cuchilla y las fibras ensalivadas sobre loza blanca por un igualador de pluma. Corto las fibras con tijera con la precaución de no dejar demasiadas "barbas" de la parte cercana al raquis que enreden las fibras dentro del igualador.




Por último ataremos las fibras al anzuelo. El resultado final del tejadillo (y por ello de la mosca entera) depende del lugar donde lo asentemos. Si el cuerpo no es recto y regular, el tejadillo no quedará horizontal, levantándose al atarlo o abriéndose en abanico, con lo que nuestra mosca ya no será "pitillo".




Con el tejadillo atado prepararemos la cama  para el cuello. De nuevo la norma es crear una cama regular, para que el cuello quede bien distribuido.


El nudo final me gusta engrosarlo para darle ese aspecto "cabezón" que tienen los plecópteros.
Chafamos la muerte del anzuelo y ya está la mosca lista para volar sobre el agua.


A partir de este montaje clásico han surgido muchas versiones. De entre todas ellas me gustan las que montan los cuerpos con pavo real sin desbarbar. El brillo tornasolado del pavo real amplía la variedad de insectos a imitar y en aguas rápidas parece que despierta mejor el interés de los peces.



Precisamente en aguas rápidas podemos sacarle un pero a la mosca pitillo, su dificultad para verla sobre el agua en las corrientes más rápidas. La respuesta para modelos poco visibles es sencilla: parachute.
Un poste generoso en colores vivos nos ayudará a no perderla de vista, evitando los postes de color blanco que suelen camuflarse con las espumas.




domingo, 19 de febrero de 2012

TARDE DE BAUTIZO

Me ha costado casi un mes encontrar el momento para repetir la escapada luciera de enero.
En mi mente seguía el objetivo de regresar, pero los hielos y el trabajo me han retenido en casa. Esperando tras el torno he preparado el maridaje prometido: pelo de zorro ártico y peluca de Nochevieja.




El resultado ha sido un brillante arcoiris con moscas del dorado al azul, que en este sábado previo a la cuaresma hemos bautizado como "Carnival Fly".


Se trataba de un bautizo de postín por lo que acudieron Carlos y Jose como distinguidos padrinos. Carlos de azul, Jose de verde y yo de dorado, hemos montado nuestras líneas y tras un breve responso iniciamos el rito del bautismo por inmersión.



Los días han crecido en estas cuatro semanas y el sol templaba la tarde por primera vez este año. Ya en el agua, la presencia de dos paisanas sobre el camino desataban las bromas de los padrinos. Estuvimos tentados de soltar algún juramento para invocar a los lucios, pero la solemnidad del bautizo nos hizo reir bajito, como en los bancos de misa.
Se repetía escenario y repitieron los actores. El primer lucio fue de nuevo el pequeño y de nuevo el que más juego dió. Escogió el verde y le tocó a Jose pelearse con él para acercarlo a la cámara. Unas fotos para el álbum del bautizo y de nuevo al agua.





Colocados en batería, lanzamos nuestras moscas contra la orilla contraria en un compás de tres por tres. Grabo el lance bajo el agua y mirando el video, la mosca parece imposible de atrapar, su destello pasa veloz apenas un instante.
Pero los lucios no pierden detalle y durante una fracción de segundo aparece una cabeza tras mi mosca dorada. Bocado y cabeceo violento, hay que quebrar la columna vertebral de la presa antes de engullirla.
Cuando adivina el engaño se arranca de nuevo hacia la oscuridad. El freno del carrete le hace girar y el agua estalla. No se va a rendir pronto. Como en la jornada anterior, este pez es grande y tampoco quiere fotos. Tengo que acostarlo sobre la orilla para que pose ante la cámara.



La luz se va y el álbum del bautizo está casi terminado. Miro aguas arriba y veo los padrinos apurando los  últimos lances en el atardecer. Es cierto que pescar con amigos es pescar dos veces, porque cuando Jose suelta un quejido de pérdida por un lucio, el pez se nos escapa a los tres.





Se acaba la tarde y salimos del agua. Guardamos las moscas sacramentadas y  buscamos lo que más se disfruta en estos eventos, una cerveza fría acompañando la cena.
Con matraca futbolera de fondo, Jose muestra sus últimas creaciones para el inicio de temporada. Son fantásticas, así que organizamos nuestro calendario buscando fecha para el próximo bautizo.


Hoy hemos sido bendecidos por las aguas, pero los caminos de la pesca son insondables, así que mantendremos las moscas a punto y dispuesta la fe.



martes, 31 de enero de 2012

MENÚ DEL DÍA

Un viento helado y chispeante de nieve sobre la cumbre del Fontún nos ha bajado pronto de la montaña, dejándonos una larga tarde de domingo refugiados en casa. Recogido en el cuarto de montaje repaso modelos y materiales pensando en la próxima temporada. Abro la caja de moscas y la variedad de colores se ve como esos carteles de los restaurantes repletos de platos combinados, donde hay bocados para todos  los gustos.



Hoy el menú del día tiene de plato principal ecdyonúridos. Los extiendo sobre la mesa y hago recuento de raciones. Echo de menos algunos modelos, así que busco el menú en la carta y reviso los ingredientes en la ficha de montaje.




Me apetece una ración de torrentis, así que me visto de chef y me pongo a la faena: anzuelos sobre el fogón del torno y a cocinar unas moscas... con fundamento.




Dentro del género Ecdyonurus spp. la especie torrentis es la más montaráz. Se encuentra en aguas rápidas, donde sus vuelos de cortejo concentran buen número de adultos en las horas centrales del día. Es un bocado jugoso que las truchas buscan activamente, cebándose casi en cualquier momento soleado del día desde el mes de mayo hasta bien entrado agosto.

Se trata de una mosca grande cuyas imitaciones no faltan en la caja de los pescadores de montaña. Su buen tamaño, su amplitud horaria y de fechas la convierten en una mosca de conjunto muy efectiva.
Aunque cada uno tiene su versión favorita, generalmente se monta en tallas no inferiores al #14 en tonos teja o rojizos muy vistosos.

Joaquín Herrero creó una excelente imitación cuyo montaje original ata sobre un #12 un cuello tradicional mezcla de rubión y grizzly. Joaquín lo llama el "pardosaurio" por su gran talla y en las aguas rápidas es muy agradecido por la cantidad de truchas que levanta y lo benevolente que es con la presbicia.

Con permiso del maestro Joaquín he adaptado (mejor "apañado") diferentes versiones para diferentes situaciones en el río. El pardosaurio clásico en un #12 llega a montarse en un #10 para los pozos profundos y torrenteras más movidas. Parece excesivo, pero es necesario hacerla visible a las truchas más empozadas ya que pocas truchas dejan pasar tan buena tajada. Un cuello abundante con fibras exageradamente largas (superando la curvatura del anzuelo) mejora su flotabilidad. Comienzo el montaje con mi particular manía de montar colas muy largas que me anima a creer que ayudará en la navegación actuando de "patín" (cada cual con sus fantasías).



Muchos pescadores de aguas rápidas prefieren el parachute puesto que son montajes fáciles de ver y se presentan con rapidez en espacios pequeños. Un segundo basta para que plaquen y deriven con garantía. El cuello es el mismo del montaje clásico pero colocado en un paracaídas muy poblado para sujetar tanto peso y con un poste vistoso.


Tras el agua movida encontramos muchas veces agua parada y pequeñas tablas. Las truchas tienen aquí tiempo de mirar lo que comen y nuestro peludo bocado a veces las desanima. Así que cambiamos de versión jugando con dos ingredientes: talla baja y cambio de montaje.

Para bajar la talla montamos el modelo en emergente sobre un #14. Importante no olvidar un cuello escaso, un abultado saco alar y una generosa exuvia que empape el agua. Ha de navegar bien placada, casi hundida, en el límite entre el agua y el aire. Allí donde la larva que sube del fondo rompe su cutícula para emerger como adulto.




La otra posibilidad es cambiar de montaje. El cdc nos ayuda a desnudar la mosca dándole un aspecto más natural, gracias a esas alas verticales que dibujan una silueta inequívoca de efémera. Subir de un #14 supone rozar el límite de flotabilidad en un montaje tipo cdc. Unas alas perfectamente verticales y alguno de los aceites especiales para el cuerpo  retrasan el hundimiento.




Los últimos veranos he preferido la alternativa de la seda. El rojo burdeos brincado en limón atrae antes las miradas de las truchas sobre su cuerpecillo estrecho y alargado. Esperando el momento adecuado, me reservo a presentarla cuando veo clara la postura. Bien seca en deriva libre, se vuelve francamente apetitosa.



El conocido montaje MP81 de Marc Petitjean es un buen ejemplo de ecdyonúrido venido a más. Es una mosca grande que mejora su flotabilidad usando cdc teñido para el cuerpo y cercos en V. Un poste blanco entre las alas da licencia para bajar corrientes sin perderla de vista.

Esta popular mosca de conjunto que los españoles llamamos "Barón rojo" (o ""Barón cojo" como diría mi amigo Carlos) nació en Suiza en el seno de su tradicional y numerosísima familia de montajes en cdc, conocidos internacionalmente de la mano de Marc Petitjean.


También existen Barones negros, verdes e incluso azules y todos pescan, muestra de que el modelo funciona en las movidas aguas suizas y en el resto del mundo.

El desembarco del Body Quill en el laboratorio de ideas de Paco Lizarraga (Paco "Maravillas") ha traido brillos y texturas innovadoras en modelos que las truchas comen con gula. El humilde ecdyonúrido de menú del día, se convierte en fusión y alta cocina de la mano de Paco, nuestro Ferrán Adriá del montaje.

Las truchas estan pasando el invierno pendientes de la freza y los hielos, yo me quedo entre fogones, cocinando a fuego lento. Cuando llegue el verano subiré a la montaña, abriré mi fiambrera y presentaré a las truchas su plato favorito: ecdyonúrido en salsa de dubbing con reducción de cdc en parachute... para chuparse los dedos.

Buen provecho.


domingo, 22 de enero de 2012

TARDE DE SÁBADO

En estas mañanas nos damos los buenos días sólo por cortesía, porque la  niebla fría está tan quieta sobre el río como una telaraña empolvada. El agua está inmóvil y transparente. Meterse en el río infunde respeto incluso con el neopreno. Un lance tras otro recorriendo toda la tabla en abanico, pero las jornadas matinales me han dejado bolo. Al menos me queda el deleite de esta luz invernal tan mágica.




Los azulones se quedan en la orilla ramoneando hierbas y acicalándose el plumaje. Las plumas que caen quedan inmóviles sobre el agua. Nada se mueve. Detrás de la orilla queda una cabeza de lucio medio comida. Alguien se me ha adelantado. Hay escamas por todas partes, pero ya no queda carne del festín.





Hoy es sábado y no he podido acercarme por la mañana. Tengo un rato libre por la tarde y aunque sé que los lucios esperan un cambio de tiempo para activarse, no aguanto más el mono. Me voy al río. Las tardes son muy cortas así que no tengo mucho tiempo. Me muevo cerca de casa. Quiero probar una mosca nueva, peluda y sugerente, mezcla de zorro ártico y conejo, la usaré en unos pocos lances a ver si les gusta.

Es una tablita pequeña, muy cerca de la carretera y al lado del camino por donde pasea medio pueblo. El tramo es de los muy pescados y donde un mosquero en acción concentra público en seguida, pero ya no hay tiempo de buscar un rincón más discreto.

Lanzo, recojo, vuelvo a lanzar. Busco la mosca en el agua, viene bonita, poco lastrada para mi gusto, pero el agua es muy somera y si entra alguno podré ver el lance.
Este invierno tan seco no ha traido riadas, así que permanece toda la vegetación sumergida. Los racimos de ocas se balancean lentos con el agua. En medio quedan pasillos desnudos donde dejo que la mosca se hunda para levantarla con un tironcito. De oca a oca y... ¡ataco porque me toca! Clavo en un acto reflejo, ¿de donde ha salido? apenas supera los cincuenta pero da juego, además me deja hacerle fotos y despedirle en la orilla con delicadeza. ¡Hasta luego cocodrilo!




Repito sobre las ocas. Me gusta como se mueve el pelo de zorro, se abre como una medusa al más leve tirón. Levanto la mosca antes de tiempo y me llevo un coletazo en las rodillas. Un lucio venía siguiendo el  señuelo y se lo he quitado antes de decidirse. Insisto en el lance, esta vez si haré la paradiña, esos segundos eternos con el señuelo parado junto a mis pies antes del último tirón.




Están activos, quedan apenas treinta minutos de luz, así que distribuyo mentalmente los lances para apurar los rincones que me quedan. La orilla es profunda y está socavada, ese pozo bajo las ramas tiene toda la pinta  de cazadero.
Mosca en el mismo borde de la orilla, dejo que se hunda, al tocar fondo... tironcito.... paff!... aqui viene el segundo. Ha entrado directo a la mosca como una bayoneta. Pasa de los tres kilos y da mucho más juego. Está furioso y sólo me deja hacerle fotos en tierra. Al soltarlo no se despide... ¡adiós!



La tabla está muy caliente, quedan pocos minutos, escojo agujero en el pasillo entre dos islotes. Dos viejecitas llegan paseando desde el pueblo cogidas del brazo y se plantan en la orilla a mi espalda. La mosca se hunde. Tironcito y recojo lento. Lento, otro tironcito, lento...
Oigo murmurar a las paisanas, las miro sobre mi hombro y con el rabillo del ojo veo la estela rompiendo el agua como un torpedo... mierda! Revolcón y se suelta, he clavado tarde. Las paisanas se santiguan cuando oyen mi juramento bajando un par de santos del cielo... (...estos de la pesca sólo saben decir barbaridades).

Los lucios han perdido la vergüenza y se mueven por toda la tabla, seguimientos y medias vueltas tras la mosca, pero ya no atino a verlos. Se acabó la luz y tengo que volver antes de que sea peligroso salir del agua.




Ha sido divertido.
Vuelvo a casa disfrutando de nuevo cada lance en mi cabeza. Sobre la mesa de montaje preparo los engaños de la próxima jornada. Presentaré el zorro ártico a la peluca navideña, creo que van a hacer buenas migas.